Antonyo Marest

Urban Artists

Antonyo Marest nació en el Mediterráneo en 1987. La calidez de sus aguas y el azul de su cielo han ayudado a modelar buena parte de su optimismo, que ha ido madurando con la experiencia adquirida en sus viajes a través del mundo. En 2013 fija su residencia en Madrid, ciudad desde la que irradia su creatividad aplicable a cualquier campo susceptible de ser repensado estéticamente. Hay que remontarse al periodo de entreguerras del siglo pasado para rastrear los orígenes referenciales de la poética de Marest. Es en las décadas de los 20 y 30 cuando, de manera paralela al desarrollo de las vanguardias históricas, se extendió la influencia del Art-Decó, estilo donde el diseño constructivo es vivificado por el color y las texturas. Marest asume buena parte de esta nueva manera de pensar lo geométrico, capaz de sortear el rigor y la frialdad para adentrarse en lo sensual y lo vibrante.

Por otro lado, hay que dar un salto hasta los 80 para aterrizar en Milán y disfrutar de la revolución que supuso el grupo Memphis, fundado por Ettore Sottsass. Sus diseños antifuncionales y sus sorprendentes estampados multicolores también tendrán una notable influencia en la obra de Marest, quien en su trabajo explora las profundas conexiones entre el «pattern» como modelo y la plantilla como herramienta capaz de hacer de la repetición un fascinante juego de combinaciones infinitas. Nuestro artista ha realizado múltiples exposiciones en las que ha desplegado su labor creativa, en espacios que van desde el interior de un museo hasta el exterior de la calle. De este modo, pintura, escultura e instalación conviven sin solución de continuidad con el muralismo y otras manifestaciones callejeras. También son destacables sus diseños de mobiliario, ropa, portadas de discos, cartelería, merchandising, campañas de marketing, customización, interiorismo, diseño gráfico, textil e industrial. En este sentido, el artista es capaz de proyectar y adaptar su creatividad a muy distintos soportes.

Entre los motivos recurrentes en su trabajo destacan las figura del flamenco y de la palmera, elementos en los que el artista encuentra simbolismos identificables con su propia biografía: por un lado, el flamenco que hace culto al sol (de hecho, en el Antiguo Egipto se pensaba que los flamencos eran representaciones terrestres del dios Ra) enlaza con el sentido luminoso de la obra de Marest; por otro, en la palmera como símbolo de resistencia ante toda situación, el artista encuentra un rasgo que enlaza con su propia trayectoria vital.